El tiempo | EUSKERA | 25 de mayo de 2013
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El suelo está formado fundamentalmente por margas eocénicas gris-azuladas (tufas), características de la Cuenca de Pamplona, recubiertas por depósitos de los glacis de erosión a pie de las sierras que cierran el territorio. Con frecuencia, emergen a la superficie, en general fértil y apropiada para el cultivo del cereal. Apenas quedan ejemplares de las numerosas viñas que poblaron las laderas y el pie del monte Ezkaba, con cuyas uvas, como señala José María Jimeno Jurío en su "Diccionario histórico de los municipios de Navarra", se elaboraba un tipo de vino de baja graduación, popularmente llamado Chacolí de Ezkaba.
El clima es de tipo submediterráneo y con él se corresponde una vegetación de transición, caracterizada por el bosque mixto de hayas y robles en las umbrías y encinas de las solanas. Se pueden observar también amplias zonas de pinares debido a las repoblaciones que se hicieron en la primera mitad del siglo XX.
No es de extrañar que en estas zonas tan boscosas haya permanecido una fauna salvaje bastante importante, integrada por liebres, conejos, tejones, ardillas, fuinas, gatos monteses, buhos reales, águilas y buitres. La perdiz roja, que antes abundaba, hoy está en vías de extinción. No hace muchos años que los lobos visitaban el territorio. En 1740 devoraron tres cerdos en el monte de Oteiza.
No existen cursos importantes de agua, aunque las fuentes son frecuentes, así como las regatas; la más importante es la de Juslapeña, que discurre por los términos de Ballariáin, Berriosuso y Berrioplano.
Son destacables la balsa de Loza y el Pozo Nuevo, localizado entre los términos de Larragueta e Iza. La existencia de estas lagunas naturales es debida a que la zona cuenta con un régimen de pluviosidad importante durante todo el año. Se trata, por tanto, de balsas estacionales que, sobre todo, disponen de agua entre los meses de febrero y mayo o junio, en función de lo lluvioso que haya sido el otoño y el invierno.
La de Loza es refugio de aves migratorias. Para muchas de ellas, será la última escala antes de atravesar los Pirineos en su viaje anual hacia el norte. Se han llegado a observar en ella hasta 42 especies de aves acuáticas diferentes. En verano, la balsa se seca y aparece como una pradera de hierba jugosa en la que pasta el ganado de la zona.