Historia

ALGUNOS DATOS

Existen datos sobre la presencia humana en la zona durante la Prehistoria: una piedra pulimentada recogida en Artica, fechada en la Edad del Bronce, y signos de un asentamiento de la Edad del Hierro en el monte de Añézcar. También hay noticias documentadas de poblamientos de la época romana; de su memoria quedan dos letreros sepulcrales en Oteiza.

Durante la Edad Media existieron dos poblaciones hoy desaparecidas: Laquidain, cerca de Larragueta, y Osabide, en el monte Eltxumendi. La población rondaba los cien habitantes, según señala José María Jimeno Jurío en su obra “Toponimia de la Cuenca de Pamplona. En el año 1553, el pueblo más habitado era Larragueta, con 19 vecinos. En el siglo XIX el municipio alcanzaba los 200 habitantes y el núcleo de mayor población era Berriosuso, donde residían 35 personas. Los datos demográficos varían considerablemente en el siglo XX, llegándose a los 1.200 habitantes en los años 80, cifra que se reduce en los 90, para pasar a crecer nuevamente en la última década. En la actualidad, el municipio, con cerca de 2.000 habitantes, se encuentra en clara expansión.

Durante la Edad Media, y hasta el siglo XIX, el vecindario era mayoritariamente labrador y pechero. Hay que recordar que los pueblos contiguos a la capital navarra estuvieron ligados a ésta a efectos de guarderío y otros, y por algunos se extendió el señorío de ciertas instituciones eclesiásticas. En 1607, Aizoáin tenía doce casas, de las que ocho pagaban anualmente sus pechas en trigo al Canónigo Arcediano de la Cámra, once vecinos de Añézcar pagaban pechas al monasterio de San Agustín de Pamplona y cinco de Berrioplano debían un censo perpetuo anual a la catedral y a la colegiata de Roncesvalles. En Berriosuso, patria de don Juan de Berrio, de quien era el palacio de la localidad, diez de las ventiún casas estaban sujetas a censos y pechas; once de las doce de Elcarte tributaban al monasterio de Santa María de Irantzu; de las ocho casas de Loza, siete estaban habitadas por renteros, y de las dieciséis de Larragueta, nueve.

En los enfrentamientos banderizos que tuvieron lugar a mediados del XVII entre los defensores del patronato de San Francisco Javier (Diputación y Jesuitas) y los de San Fermín (Ayuntamiento y clerecía de Pamplona), el diputado y concejos de la Cendea apoyaron decididamente al bando Ferminista, “por cuanto la dicha valle no ha conocido ni conoce por patrono de este reino a San Francisco Xavier ni a otro Santo, sino sólo al invicto mártir San Fermín”. Como señala J.M. Jimeno Jurío en su “Diccionario histórico de los municipios de Navarra”, también los abades y vicarios reconocieron como patrono único a San Fermín, contra la Diputación, que pretendía imponer, según ellos, a San Francisco Javier.

Después de la última guerra carlista, y para defender de posibles ataques artilleros a Pamplona desde el monte Ezkaba, fue construido entre 1878 y 1910 el Fuerte de Alfonso XII, con carretera de acceso. La obra exigió el trabajo de multitud de braceros, muchos de los cuales se afincaron en los pueblos del contorno.

EVOLUCIÓN ADMINISTRATIVA

El municipio ha estado ligado a la Cendea de Ansoáin hasta 1991, año en el que se segregó de ésta, pasando a ser Berrioplano la capital. Ya en el siglo XVII había sido esta localidad cabeza de Cendea, aunque luego pasó a Berriosuso (mediados del XIX) y Berriozar. Hasta el siglo XIX, la Cendea estaba presidida por un diputado. Una de sus funciones era convocar a los jurados, uno por cada concejo, al “batzarre”, la reunión en la que se trataban los asuntos de mayor importancia.

Por su parte, el sistema de administración de cada concejo se caracterizaba por el carácter rotatorio del cargo de alcalde. Éste se nombraba cada dos años entre los cabezas de familia de cada pueblo y su voto no tenía valor superior al de cualquier otro vecino. El “batzarre” era abierto y las decisiones se tomaban por mayoría. Todos los habitantes estaban obligados a dirigir el concejo y a colaborar con él, pues, al menos dos veces al año, debían acudir al “auzelan”, nombre dado a las jornadas de trabajo en beneficio de toda la comunidad, que consistían en arreglos de caminos, etc. Este sistema organizativo perduró hasta el último cuarto del XX.

Durante gran parte de ese siglo, la Cendea la dirigían varios concejales con el alcalde al frente, nombrado éste por el Gobernador de Navarra. Los concejales salían designados de la Cámara Agraria (2), Industria (1) y el censo familiar (1). Cada cuatro años se renovaba en su totalidad, a excepción de un concejal que permanecía por otro periodo.

Este sistema se dejó de aplicar al celebrarse las primeras elecciones municipales, en las que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) obtuvo 7 concejales; Acción Municipal Obrera (AMO), 5; Unión de Centro Democrático (UCD), 3; y Herri Batasuna (HB), 2.

En los primeros comicios celebrados, en 1991, tras la segregación de Berrioplano de la Cendea de Ansoáin, la Candidatura Independiente obtuvo 5 concejales y Herri Kandidatura, 2.

EL EUSKERA EN LA CENDEA

La población fue vascohablante hasta el siglo XIX y a principios del XX aún podía hablarse en euskera con alguno de los vecinos. Abundan, por otra parte, los testimonios del siglo XVIII que confirman el monolingüismo vasco. El 5 de marzo de 1629 contrajeron matrimonio en Larragueta Hernando de Ballarián y Graciana de Aldaba. Celebrada la boda, el notario reunió a los desposados y les tuvo que explicar los términos del contrato en vascuence pues no entedían otra lengua. Según señala José María Jimeno Jurío en su “Diccionario histórico de los municipios de Navarra”, los dos regidores de Berriozar denunciaron el nombramiento de un clérigo natural de Estella como vicario, alegando que ignoraba “el idioma vascongado que usan los vecinos y habitantes” (1707). Los de Añézcar y Oteiza rechazaron por la misma razón a un cura nombrado por el abad de Leire, porque “los vecinos y habitantes de dichos lugares no entienden ni practican otra lengua” que la vasca (1728-1729). Los párrocos predicaban, enseñaban la doctrina cristiana e informaban a sus feligreses “en lengua vasconica” (Elcarte, 1752).

De Félix Sarasa Aldareguía, natural de Berriosuso y guerrillero contra los franceses de Napoleón, casado en Artica y apodado Cholín probablemente por vivir en la casa Zolinena o Cholinena, dijo su amigo el general Espoz y Mina que era “el vascongado más cerrado que había existido en Navarra, y un hombre popular en Pamplona y en la Montaña”.