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FUERTE DE SAN CRISTÓBAL

Fuerte de San Cristóbal

Enclavado desde hace un siglo en la cima del monte San Cristóbal (monte Ezcaba), el recinto fortificado que domina Pamplona fue en su tiempo una obra ejemplar. Se diseño para defender la cuenca de cualquier posible invasión. Tanto el monte como el Fuerte deben su nombre a una antigua ermita dedicada a San Cristóbal.

Las primeras obras del Fuerte fueron en principio proyectadas por el coronel de ingenieros Don Miguel Ortega y dirigidas por el Comandante de aquella Plaza del Cuerpo de Ingenieros Señor Luna. El primer proyecto fue aprobado en 1881 y ascendía a 2.762.050 pesetas. Después sucesivos proyectos de reforma se sucedieron, alcanzando en 1903 la cifra de 10.166.750 pesetas. Hay que destacar que en todos los primeros documentos aparece el Fuerte con el nombre de San Cristóbal, hasta que por R.O. de 23 de septiembre de 1884 se le bautizó con el nombre de “Fuerte de Alfonso XII”, nombre por el que se le conoció hasta que por O.C. del 20 de junio de 1931 se dispuso otra vez el cambio al primitivo nombre de “Fuerte de San Cristóbal”.

El Fuerte se concibe enterrado y protegido del fuego artillero con importantes rellenos de tierra sobre bóvedas de hormigón y ladrillo de las defensas, lo que le confiere un camuflaje que hace difícil, en una vista aérea, comprender la importancia de la obra ejecutada. Ocupa la cima del monte en forma sensiblemente elíptica, batiendo todos los flancos y deja a modo de cráter una plaza elíptica en el interior. Esta edificación era la estrictamente defensiva y en la que el alojamiento de la tropa se concebía próximo a las baterías en las propias casamatas.

Historias de presos políticos, de desaparecidos, de fugas y de muertes se han sucedido en épocas recientes, quedando impresas en la memoria de sus muros y en la memoria colectiva de muchas personas en esta tierra.

El recinto fue declarado bien de interés cultural el 16 de noviembre de 2001.

Hoy, después de varios años en desuso, el viejo Fuerte se enfrenta a un futuro incierto.

BALSAS DE LOZA E IZA

Se tratan de dos los mejores enclaves húmedos de mayor calidad y en mejor estado de conservación de la Cuenca.

Estos lugares constituyen una excepcional muestra de biodiversidad en un paisaje, el de la Cuenca. Tienen importancia en la migración de aves, albergan elementos florísticos singulares.

VALORES BOTÁNICOS:

Este es el complejo de vegetación de carácter higrófilo más biodiverso y extenso de las Cuencas margosas de la Navarra Atlántica y uno de los escasos ejemplos de este tipo de humedales en el pasillo colino prepirenaico del subsector navarro alavés, con interesantes elementos florísticos muy raros en el contexto peninsular.

Entre otras especies cabe destacar Scutellaria galericulata y Gratiola officinalis, sólo conocidas en Navarra de esta localidad, y otras especies poco comunes como Oenanthe fisticulosa, O. Lachenalii y Pulicaria vulgaris, esta última aún no citada en el Catálogo Vascular de Navarra.

VALORES FAUNÍSTICOS:

Aves:

La balsa de Loza está propuesta en el estudio previo del Plan de Recuperación del Avetoro (especie catalogada como “En Peligro de Extinción”) como área de actuación prioritaria (donde la especie ha sido detectada irregularmente en los últimos 10 años y presenta unas condiciones ecológicas adecuadas para el mantenimiento y establecimiento de al menos un territorio de reproducción).

Además, especies como Espátula, Tarro blanco, Cerceta carretona, Grulla común y Avoceta están protegidas a nivel europeo. Y especies como Ánsar careto, Ánsar campestre, Tarro blanco y Falaropo picogrueso son muy difíciles de observar en Navarra e incluso (exceptuando quizás el Tarro blanco) son visitantes muy escasos de la Península Ibérica. Y el Ostrero común, ave eminentemente litoral, es una de las pocas observaciones que de él se tienen en humedales del interior. Prácticamente la mitad de las especies de aves de Navarra han sido observadas en esta zona húmeda de extensión limitada lo que demuestra su peculiaridad y para muchas especies de aves acuáticas se han obtenido aquí los máximos regionales.

Las especies anteriores están publicadas como observadas en el Humedal de Loza dentro del Anuario Ornitológico de Navarra.

Anfibios:

Los dos último núcleos de la Rana ágil (Rana dalmatina), se acogen en la balsa de Loza, la balsa de Iza y el robledal y la charca de Zuasti. La rana ágil es un anfibio amenazado, recogido en el anexo IV de la Directiva Hábitats (especie estrictamente protegida), en el anexo II del Convenio de Berna (estrictamente protegida), Libro Rojo Nacional (vulnerable) y Catálogo de Especies Amenazadas de Navarra (sensible a la alteración de su hábitat). Acompaña a los robledales de roble pedunculado, pubescente y marojo, siendo una especie caracterizadora de los mismos y diagnóstica de su estado de conservación, por lo que la destrucción del manto forestal ha supuesto la recesión continua de la especie y su confinamiento en Navarra a tres zonas geográficas desconectadas y aisladas, sin posibilidades reales de contacto.

La balsa de Loza alberga la comunidad de Anfibios más importante de la Zona Media de Navarra, con 8 especies que se reproducen en sus aguas y/o ecosistemas acuáticos de su entorno (canales, acequias, encharcamientos estacionales). Son las siguientes: Triturus helveticus, T.marmoratus, Discoglossus galganoi, Pelodytes punctatus, Bufo bufo, Hyla arborea, Rana dalmatina, R.perezi.

La balsa de Iza (término de Olza) se encuentra aislada de la anterior, pero a muy corta distancia. Aunque no se ha encontrado en ella la rana ágil, posiblemente por la situación de aislamiento del núcleo de Loza y el impedimento que a la dispersión de los individuos produce un hábitat inhóspito para la especie, una buena parte de la balsa se encuentra capacitada para albergar a la rana ágil.